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Para llegar a ser grande… hay que pensar a lo grande
Para llegar a ser grande… hay que pensar a lo grande

2015-09-28 13:09:37

Lewis Hamilton está hoy en los altares, en el Olimpo de los dioses de la F1, sentado a la derecha de la gran leyenda Ayrton Senna, a quien ha igualado en victorias con solo una carrera disputada más, con quien compartirá sitio a final de año entre quienes han conseguido tres o más títulos. Hoy Hamilton es considerado —y con razón— el jefe de esta parrilla, el piloto más en forma, uno de los mejores de la historia de este deporte.

Echando la vista atrás, no es difícil recordar su cara de niño perdidoHamilton ha sabido sobreponerse a su entorno y a la presión en 2011, cuando la fama, su entorno y la presión pudieron con él, cuando se peleaba con Felipe Massa dentro y fuera de la pista, cuando se perdía en guerras inútiles durante las carreras, cuando Jenson Button le humilló en resultados con el mismo coche. No hace falta mucha memoria, tan solo tres años, para recodar que McLaren tenía el mejor coche de la parrilla en 2012 y Lewis ni siquiera llegó a disputar el título a final de año con Sebastian Vettel y Fernando Alonso lastrado por errores propios y también, todo hay que decirlo, de fiabilidad. 

Errores en la memoria
En la memoria colectiva reciente de este deporte figura también su manotazo al volante en la primera vuelta de la última carrera del 2007, en Brasil, cuando tenía el título en el bolsillo, pero,  en su nerviosismo, pulsó el botón de anticalado. Un año después, en la lucha por su primer título con Felipe Massa, embistió por detrás a Raikkonen con el semáforo del pit en rojo del GP de Canadá. Sí, en el pit, un territorio peligroso que Hamilton descubrió en su primer año, en China, donde se quedó varado en la grava al entrar a una parada en boxes. Y puede que allí, en aquella puzolana, perdiera de verdad el título.

Hoy nadie le discute su talento, su velocidad, su seguridad, su constancia, su capacidad para adelantar, para gestionar la carreras. Pero salvo aquel año 2011 en el que Lewis perdió el Norte, muchos de sus errores fueron fruto de la mezcla entre la obligada inexperiencia de los primeros años y la necesaria ambición para llegar a ser algo en este deporte.

Presión para Sainz
No quiero —¿o sí?— comparar aquel primer año, el 2007, de Lewis Hamilton con el debut de Carlos Sainz en 2015. Muchos podrán decir que Sainz no tiene la presión de luchar por el título como Hamilton. Yo digo que tiene mucha más. Hamilton debutaba como ahijado de Ron Dennis, con un contrato multianual, con todo por ganar y nada que perder frente a un bicampeón del mundo como Fernando Alonso. Hiciera lo que hiciera, estaría bien, hiciera lo que hiciera seguiría en el mejor equipo de F1 de aquella época. Luchar por el sexto puesto, por el tercero o por el primero, te lo da la capacidad del coche, nada más.

Ha querido el destino que en su primer año en la F1, con solo 20 añosLa lucha en Toro Rosso entre Sainz y Verstappen es a vida o muerte , ‘Carletes’ no goce de la manga ancha que se otorga a los rookies. Ha querido la suerte (la mala suerte) que le haya tocado el papel de veterano al lado de un compañero con 17 años y algo menos de experiencia en F1. Es una batalla a muerte (deportivamente claro) en la que solo uno quedará en pie. Así es la estructura de Red Bull, así es de sangrienta y exigente. Te llevan, te educan y te conducen a la F1, pero no les tiembla el pulso para pegarte un tiro (de nuevo, deportivamente) si ya no te quieren. O llegan a Red Bull a lo grande, como Sebastian Vettel o Daniel Ricciardo, o desaparecen de la parrilla (Vergne, Buemi, Alguersuari, Burdeau…). El duelo en Toro Rosso es a vida o muerte.

Toro Rosso, difícil asiento
No hay nadie en esta parrilla con más presión que los chavales de Toro Rosso. No hay nadie en la F1 actual que le haya tocado un papel con más presión que a Carlos Sainz y, si no, repasen, repasen los nombres uno por uno. Hamilton va sobrado, Rosberg se conforma con ser segundo; Vettel le gana con una mano atrás a Kimi, el finlandés tiene bastante con que Ferrari le renueve; Bottas ya sabe que los equipos grandes no le quieren porque un ‘viejo’ como Massa le saca los colores… Puede que el único sitio donde haga cosquillas el asiento sea de nuevo en la estructura Red Bull, puede que los dos titulares de los volantes miren de reojo a los chicos de Toro Rosso no vaya a ser que alguno de ellos… Claro, que el año 2014 en el que Riccardo vapuleó a Sebastian Vettel le ha servido al australiano para lograr un estatus que le abrirá la puerta de cualquier grande (salvo donde milite Vettel) cuando Red Bull le libere de su compromiso. De McLaren escribiré unas líneas más delante y del resto… el resto solo tiene la presión de buscar un sponsor. 

Créanme, no hay nadie con más presión que Sainz frente a un compañero rapidísimo y que es la niña bonita de toda la estructura Red Bull. Por si alguien no lo sabe, Max Verstappen, que es bueno, buenísimo, endiabladamente rápido, es el preferido de Helmut Markko y, si quiere, puede vomitar encima del jefe de equipo Toro Rosso, Franz Tost, como sucedió en Singapur. Y no pasa nada.

Por todo esto, me ha maravillado el error de Sainz en su segundo pitstop del GP de Japón. Ese error Sainz prefirió arriesgar en lugar que conservar la ventaja sobre su compañero —y de nuevo supongo que estaré en contra de la mayoría de opiniones— demuestra que esa enorme presión casi no le afecta, lo que me deja de piedra. Y me explico. Sainz encaraba  el último tercio de carrera en novena posición, con 26 segundos de ventaja sobre Verstappen. Si de verdad le afectara la presión, él y su ingeniero, Marco Malasia, hubieran decidido conservar: “OK, acabamos en los puntos a pesar de salir 12 por un problema mecánico en la crono. Y acabamos  medio minuto por delante del gran rival”. Un resultado redondo, sin duda, un trofeo para presumir en el paddock, para exponer a los jefes, a la prensa.

     

Mucha ambición
Pero no, a Sainz no le afecta esa presión, ni se preocupó de Verstappen. A él se le metió en la cabeza que tenía una oportunidad, y solo una, de ser octavo. Puede que rondara por su cabeza el tema “Lose yourself” de Eminem. Sí, ya saben, ese de “si solo tienes una ocasión, si solo tienes una oportunidad…”, esa música rap y hip hop que a ‘Carletes’ le gusta escuchar aislado en sus auriculares en los aviones. Se olvidó de todo y se le metió en la cebeza hacer un ‘undercut’ a Maldonado, pegarse al alerón trasero del Lotus y engañarle pegado a su culo hasta el último metro para entrar una vuelta antes, volar en el pit lane y rodar como un cohete en la vuelta de salida para sacar ese segundito o medio segundo y que el Lotus, con 20 kilómetros por hora más, imposible de adelantar en la recta, regresara a pista por detrás tras su segunda parada en boxes.

Y Carlos se la jugó al entrar en el pit. Por unos centímetros se llevó por delante un bolardo y dañóSainz se la jugó y dañó su alerón en el pit su alerón. Y su equipo estaba a por uvas, no tenía el alerón de repuesto donde toca, fuera del box, los dos, unos para Verstappen y otro para Carlos, con la configuración de carrera de cada uno. Y tardaron una eternidad en cambiarlo y Sainz perdió el equilibrio del coche después con un alerón que no tenía el ala configurada. Y llegó el subviraje, y destrozó sus neumáticos, y la eternidad en el pit hizo que volviera por detrás de Pérez, y no con aire libre como estaba estudiado. Y todavía habrá algún iluminado que dirá que Verstappen le restó 21 segundos con el mismo coche, los mismos neumáticos y las mismas condiciones en la pista.

Un paso adelante
Un Rosberg, un Bottas… nunca habría arriesgado para hacer ese peligroso ‘undercut’. Hubieran aplaudido con las orejas consiguiendo los puntos y medio minuto sobre el gran rival. Cuando Sainz se llevó por delante el bolardo demostró que está un paso por delante en mentalidad y ambición. Puede que algún día recuerde ese bolardo como Hamilton recuerda la puzolana de China, con rabia, sí, pero sin gota de arrepentimiento, porque para llegar a ser grande, lo primero es pensar y sentir a lo grande.

Y ya que hablamos de grandes, la próxima semana una reflexión sobre Fernando Alonso…